En caso de duda, periodismo

“En caso de duda, periodismo, dice un adagio de esta profesión”. Alfredo Relaño
“Los periodistas son los culpables de todos los males que aquejan al fútbol nacional”. Pablo Hernández Coronado (1955)
Las mentiras y manipulaciones de la prensa. Los entresijos de este submundo plagado de intereses y su sistemático intento por interferir y controlar el funcionamiento del club. En este espacio trataremos de ponerlos en evidencia y enseñar su verdadero rostro.

 

Mirando hacia atrás con ira

pancarta

 

por Ángel del Riego.

 

Existe un buen aficionado del Madrid, existe un buen ciudadano, existe un buen español, existe también, y lo han visto, un hombre que ama y respeta a su mujer y cuida de sus hijos. Existen las normas de buena conducta y existen los editoriales de Relaño y la Santa Madre Iglesia; y algo más arriba, Santiago Segurola que vela por todos nosotros.

España es una forma de comportarse en la mesa, con los demás -siempre con los demás-, de trabajar sin trabajar y de mirar de reojo, una forma de fingir y de mentir para ser aceptados, una forma de dar patadas a un balón, y una tarde larga y somnolienta en el bar, sólo o con la familia, con la excusa del café o el coñac a palo seco, y con el as o el marca abiertos por la mitad y con las letras desvaídas de la avaricia con la que el parroquiano los lee.

Algo que nadie reconoce. Leer hasta las últimas consecuencias la prensa deportiva. Algo que saben muy bien los que la escriben. Seguramente, lo único que saben. Que influyen en lo público, lo de todos, el Real Madrid.

Ese es el cuarto poder, y contra eso luchó -y perdió- José Mourinho. Pero despertó al enorme animal dormido. Hizo consciente al madridista de lo que significa ser hincha del Real Madrid. No de la roja o la rojita, ni del fondo de pensiones para exjugadores que lo dieron todo. Del Real Madrid. Un club grande y letal con una historia ganadora y por tanto despiadada. Un club que sólo tiene sentido si lucha por ser el primero entre los mejores. Y eso sólo es posible si el propio destino del Madrid se maneja desde dentro del Bernabéu. Esa fue la lucha de José Mourinho. Y esa es la lucha diaria del Real. A veces, contra sí mismo.

El presente artículo tiene una finalidad concreta, la de explicar los motivos de la campaña que Primavera Blanca inició en junio pasado y que tendrá su primera gran movilización el próximo 22 de agosto a las puertas del Santiago Bernabéu. La campaña consiste en la recogida de firmas para instigar al club a que no deje vender merchandising con la etiqueta del Real Madrid al marca y al as.

El marca y el as son periódicos grandes hechos para niños pequeños. Sus portadas te saltan a la cara llenas de colores psicodélicos con caracteres gigantescos por los que gotean todos los tópicos del fútbol. No buscan ningún tipo de verdad, ni siquiera cautiva, como la prensa *seria* (de la que no forman parte, aunque aplican sus armas). Buscan una complicidad escatológica y chabacana en la que la ley es el titular. Casi nunca hay algo detrás; explicaciones vagas, noticias -rumores- sin contrastar y estadísticas de colorines que demuestran que si chutas mucho quizás marques más goles todavía. Esta prensa se dirige a la parte más acrítica del madridismo, y al resto de las Españas que odia al Madrid: el antimadridismo, con especial atención a la gente maravillosa del atleti. Y conocen bien el inconsciente de esta fauna (el 75% del zoológico futbolero) hecho de retazos de mitología infantil, deseo siempre de ir más allá (sea en fichajes o en maldad), un cierto complejo de culpa, y un orgullo absurdo de ser de un club que es el de todos y por tanto cualquiera puede revolcarse sobre su vientre manchándolo todo de mierda. Ese apartado tan curioso de una parte -la más blanda: aquellos pseudomadridistas que Mou caricaturizó- del madridismo; lo niega como hinchada, ya que el hincha es por definición fanático de su club e irracional en su defensa. Y sin embargo, al madridismo se le pide desde posiciones presuntamente madridistas (“madridistas camuflados”) que nunca se vuelva ante los insultos, que sea gallardo en la derrota y humilde en la victoria, que sea puta y que ponga la cama. Que sus hinchas sean racionales y dialogantes y den de comer al hambriento y de beber al sediento. Quieren un club maniatado para poder manejar la relación del club con su hinchada como primer paso para imponer sus propios peones (el raulismo aupó a Calderón, no olvidemos). Ciertamente la utilización que hace Florentino de la palabra Señorío (ambigua y de un regusto decimonónico) es utilizada contra el Real Madrid para exigirle esta sumisión a todo tipo de poderes fácticos y peripatéticos. Incluso la prensa barcelonista y el mismo Guardiola con su ya famoso dejar caer -toda una categoría estética barcelonesa-, apelaba a valores ancestrales del Madrid para evitar que sus muchachos perdieran los duelos físicos contra los hombretones de Mou. No solo a valores éticos apelaban, sino a una forma de jugar. Un día era Xavi quien la proponía- el Madrid debe jugar al ataque porque yo crecí viendo eso; el césped del Bernabéu debe estar como yo lo diga; Pepe no es jugador para el Madrid-; y al día siguiente era Pep quien la negaba: “el Madrid siempre ha sido un equipo que juega al contrataque”. Todas estas declaraciones, debidamente amplificadas por la prensa madrileña (lo que no pasa por Madrid, no existe), que entiende que cualquier hombre que ande el camino y sea de Dios, tiene derecho a decirle al Madrid lo que debe hacer, cómo debe jugar, cuáles deben ser sus valores y qué 11 titular debe alinear el pelele de turno.

Eso ha sido muchas veces el Madrid. Un club al que su mensaje se lo hacen los de la acera de enfrente, y su 11 titular debe ser el que digan los internautas (sólo en el caso de que coincida con el que quiere la redacción del periódico deportivo correspondiente).

Y no hablamos de un club cualquiera sino del Real Madrid, que en el momento en que su mitología se hizo carne, provocaba pavor al navegar por Europa. Y por eso Mourinho era necesario, -afilando nuestro discurso, trazando una raya entre nosotros y el resto del mundo-, para devolver el orgullo y la altanería al madridismo. Un club que nunca fue humilde, modesto, recatado, blandengue o piadoso. En todo caso, miraba de frente la victoria y la derrota. Y era cortés con el resto del mundo del fútbol, sabiendo que había conseguido una estatura tal que a todos miraba desde arriba del caballo. Señoreaba su territorio. A veces caballeroso, a veces displicente ante los insultos, pocas veces se volvía a encarar a los perros que ladran con el culo pegado a la puerta. No hacía falta. El territorio era suyo. Pero desde Cruyff que igualó -ideológicamente- a los contendientes, y desde que el Estado de las Autonomías le dio una pátina política al antimadridismo, el Madrid ya no es el dueño de su territorio. Es un aristócrata en harapos que debe remar contra la hostilidad general. No controla la administración y el pueblo está mesmerizado por el enemigo. En ese contexto, ya no es posible más que la victoria, y como en los tiempos antiguos: la venganza. El señorío es una piel muerta. Un peso que Mourinho alivió al club, aunque nadie se lo va a reconocer.

Las armas de la prensa deportiva son variadas y pintorescas. El tono general es el de la prensa seria, con muy poco espacio para la ironía, aunque escrito de una forma más directa y simple -a veces directamente infantil- para que a nadie se le escape el meollo del asunto. Las argumentaciones suelen ser facilonas y demagógicas y en muchas ocasiones el cuerpo del artículo niega completamente los titulares (donde más se busca la manipulación deliberada). No hay problema: el redactor correspondiente se escudará en motivos morales (yo quería demostrar tal cosa), o en la volubilidad del fútbol que tan pronto es así, te pongas como te pongas, como es asá y no hay leyes escritas de antemano. El artículo de la prensa deportiva busca antes que informar, provocar discusión, y así se deja siempre un fleco suelto a la noticia, o se lanzan puyas contra alguien *mal visto*. Suelen ser vehementes y con débiles razonamientos expuestos en tono engolado y un tanto dramático. No parece importar el contradecirse de un día para otro porque la verdad no interesa. El fin último parece ser el bien del fútbol español y su principal escudero el Real Madrid, y con un fin moral de esa índole, el relato tiene que ser únicamente verosímil, coherente dentro de su mentira o media verdad. Y eso se cumple.

El nivel intelectual de esta prensa es el de la prensa del corazón. De hecho su maquetación es muy similar. El problema es la seriedad con que se toma a sí mismo y la seriedad del tema a tratar: las cuitas y melodramas alrededor del Santiago Bernabéu. Ya que el Madrid es un club señor, su supuesta prensa a sueldo -eso se dice desde las cataluñas y el extranjero- quiere dar la impresión de ser seria y rigurosa y de un altísimo calado moral. Vela por la pureza del fútbol español. De esta forma, ni el marca ni el as tienen sentido de la ironía, ni tampoco sentido del ridículo. Son prensa sensacionalista que se toma a sí mismo como meticulosa seriedad. Sus informaciones rigurosas, son rigurosos melodramas; sus expertos parten del tópico y el prejuicio, y sus columnistas o caen en lo grotesco -quizás lo único veraz de estos periódicos: la charla del bar- o en la moralina nacionalcatólica. La de los buenos chicos civilizados, mudos y obedientes.

Una cosa sí se puede decir del as y el marca y es que son periódicos divertidos. Entretienen. Sus titulares absurdos y la promesa de alguna revelación, llaman desde la barra, te engañan, y caes en la tentación. Y en las largas noches de invierno, con los lobos aullando de fondo, y un venenoso aguardiente de yerbas, la lectura de la prensa deportiva hace caer en un profundo sopor; ideal para sobrellevar los paréntesis de selecciones.

La prensa deportiva hace gala de su falta de intelectualidad. Es una prensa para el pueblo y por el pueblo. De pueblo, incluso. El inefable Roncero es máximo exponente. Popular y populachero es el único hincha madridista admitido en el espacio público. Un hincha coiné, pata negra madridista por lo menos desde que abjuró del atleti. Español que españolea, defensor de lo patrio hasta el ridículo, ataca al barsa con las mismas razones que el hombre de la calle. Desde luego, su mayor mérito. Lo demás: un ex del atleti con la falta de clase habitual en ese club, y que no se apea del discurso oficialista: jugadores nacionales que jueguen en la selección y que son intocables por la gracia de Dios y sus apoyos en la prensa.

El editorialista del as, Alfredo Relaño ocupa una posición diferente a la de Roncero. Es a la vez inteligencia y verdad antigua del club. Lo castizo y el pensamiento estructurado. Esa es su imagen y su peso en el fútbol español. La realidad es que sus editoriales urden una manipulación -fina o burda- constante dirigida a poner de rodillas al club ante la prensa, ante su periódico, acostumbrado a hacerse con la narración del Madrid y a manejar todo el tinglado simbólico (aka mitología) que hay alrededor del club de Concha Espina. Las formas de manipulación son muy variadas. Está aquella que es la exigencia máxima convertida en listón al que nunca llegará el club (charla de la novena). Está la utilización de la mitología a favor de las tesis que convenga demostrar. Hoy sacamos a la quinta de Pirri para dar la brasa con la españolidad recalcitrante. Mañana es la cantera, donde algún representante amigo (el bueno de Ginés) tiene nuevos raúles a porrillo. Los días pares sacamos a pasear la moral de la que el Madrid hace tiempo se apartó. Los impares es tiempo de hacer recuento de títulos o de goles o de cualquier estadística que demuestre lo que queramos demostrar. Y los fines de semana toca darle el toque a ese jugador –Arbeloa últimamente- que habla demasiado claro y hace que nuestro negocio basado en la omertá se tambalee. Todas estas son formas de la prensa para cohibir al club, pero en Relaño toman carne de una forma abigarrada y estilosa. Relaño es la moral dentro del club. Es el editorial prisaico insoslayable, algo matón, con retranca y el apunte castizo. Pero no existiría Relaño si no existieran madridistas para los que todo va siempre a peor y que con cierto snobismo dicen saber cuáles son los males que nos aquejan; que confunden el club con un ministerio público y que quieren a la vez seriedad y sainete diario con momento cumbre. Chicos con flequillo que no tengan opinión, y drama alrededor del equipo reformulado por la prensa. Así sobrevive Relaño y su periódico. Gracias al cazurrismo de un sector del madridismo. Ese que intentó despertar Mourinho y de ahí su apaleamiento masivo una vez que fracasó en la conquista de Europa.

Si Relaño es la moral desde dentro, Santiago Segurola, príncipe que planea sobre lo chabacano y lo vulgar, es la moral desde fuera. Es la apariencia de objetividad y la certeza de una verdad más allá del rectángulo de juego. Santiago Segurola es el relator oficial del Madrid y de esa forma se desenvuelve. Escribe en las páginas del marca la crónica de cada partido del Real. Crónica que es tomada por muchos como la verdad absoluta sobre lo acontecido. Segurola escribe húmedo y atractivo para el hombre de clase media-alta al que le gusta el fútbol pero no quiere que le confundan con la masa de desharrapados. El cliente desea sentirse rehabilitado por su pasión futbolera y Segurola le ofrece esa opción por un módico precio. Trasciende siempre a través de la moral. Separa las aguas. A un lado los buenos: fútbol de salón, Pep, Valdano, Bielsa y ahijados. En el otro lado donde viven los monstruos. Seres impíos que conspiran contra la paz y la belleza y se convierten en intolerables cuando acampan en el Madrid: Capello y Mourinho, Clemente. Sádicos, cobardes y con una vena totalitaria. Segurola nunca ceja ni da un paso atrás. Es capaz de defender una posición y la contraria con el catecismo en la mano. Cuando Marcelo cogió el brazalete de capitán con el primer Mourinho, Segurola dijo: charlotada. Cuando Marcelo pasó a la reserva por el ímpetu de Coentrao Segurola lo bendijo como el mejor lateral del mundo, formado en el Madrid y con galones suficientes para dar un golpe en la mesa. Si Mou subía a un canterano, Segurola decía pirotecnia y nanay; si Essien jugaba los minutos de la basura, Santi clamaba por los minutos de la cantera. Segurola repitió siempre que pudo que el Madrid tenía la mejor plantilla de su milenaria historia y Mou la desaprovechaba. Segurola culpó a Mourinho de hacer una plantilla descompensada y con demasiados pesos muertos, de fichajes caros y en general -¡oh, cielos!- defensivos. Segurola veía un complot contra Del Bosque y otro contra Bielsa. A Valdano se lo cargó la mafia tardofranquista. Segurola se ríe a carcajadas cuando alguien hablaba de una campaña contra Mourinho, sin duda el entrenador de la historia con más apoyos en prensa. Segurola siempre se quejó de los palos en las ruedas que los sucesivos gobiernos le pusieron a Higuaín. Segurola consideró inadmisible que un delantero de la calidad de Benzema estuviera en el banquillo en los partidos más importantes de la temporada. Acto seguido, Segurola sentenció que Benzema era el favorito del presidente y por eso jugaba en ocasiones más que Higuaín, aunque Higuaín era más del gusto del Mourinho ya que Benze no tenía ni una gota de demagogia.

Una docena de expertos en cabalística siguen estudiando las palabras de Segurola y su relación con la realidad. Segurola escribió un artículo acusando a las élites tardofranquistas de Madrid el extravío de los 15000 bilbaínos que nunca llegaron a la final del Bernabéu que no fue. Repitió 3 meses ese artículo explayándose ante las élites extranjeras, ahítas de oír que en el Madrid anida el mal. Repitió ese artículo y sus argumentaciones de español periférico para no hacer caso del juego estruendoso del Madrid de Mourinho 2012. Acto seguido, Segurola dijo que el Madrid era el equipo del pueblo y que Florentino estaba traicionando esa idea. Segurola sólo apoya al Madrid si el Madrid cumple todos los requisitos que él dispone sobre la mesa. Eso se llama manipulación y no lo oculta. El Madrid debe jugar al ataque sin corsés tácticos. Debe tener un técnico al que gusten de partirle la cara y no diga ni mú (ya que Segurola sabe del origen culpable del Madrid). El club debe tener un lugar en el organigrama donde more Valdano. El Madrid debe expulsar a los ultrasur y en general cualquier manifestación de odio étnico, incluidos los gritos contra el barsa. Curiosamente la cantera y los españoles deben tener sitio preferente en el 11 titular. Segurola le pide la virginidad al Madrid y aplaude el fragor de la batalla en el contrario. Segurola se preocupa hondamente por el futuro del fútbol español en el que aumenta la crispación, y la crispación es culpa del Madrid por contestar a la provocación. Segurola dice amar lo pequeño, pero sólo se ocupa de lo grande, del mito, de la historia de alta gama, del Madrid. Segurola quiere una estatua ecuestre a la entrada del Bernabéu por los servicios prestados, es un personaje ya cosificado, con lectores que lo leen en trance místico. Segurola cuando habla de la historia del fútbol nos enseña la magia. Si es del Madrid, nos desvela la tramoya que siempre es oscura. Segurola ha luchado por la dignificación del periodismo deportivo, y según Roberto Gómez, ha ganado la batalla.

Del subtexto del fútbol español, lo más obvio y a la vez menos enunciado es la filiación antimadridista de la gran mayoría de los periodistas que siguen al Madrid. Es la carta de Poe sobre la mesa y la llave para entender muchas situaciones. Son antimadridistas porque son del atleti, y ser del atleti no da dinero ni muchas alegrías. Pero sí da un gran conocimiento del subconsciente madridista desde fuera; así fácilmente manipulable. Ni siquiera hay una forma de actuar concreta. Estos periodistas (Maroto, por ejemplo), no tienen patria ni ley y dominan la picaresca con orgullo bizarro. Tampoco buscan la coherencia. El Madrid es el pim-pam-pum nacional y sacudirle a todas horas por cualquier nimiedad garantiza atención mediática. Sólo se salvan los jugadores Españoles del Madrid, y en algunos casos ni eso. Un ejemplo fue el fabuloso caso Pepe. El central portugués, es sabido que es el malo oficial del madridismo desde la masacre del Getafe. Es un caso de sinergia. Al Madrid le convenía tener un jugador quemado para concentrar las iras del público y los periodistas adoran la violencia gratuita porque les da ocasión de castigarnos con su plúmbea moralina. Pepe era el violento, el culpable, el defensor físico, el malencarado, el que no puede volver a jugar en el Real, la imagen bronca del Madrid de Mou y toda la retahíla. En este año, cuando todo se empezaba desmoronar, Pepe se lesionó y perdió su puesto en el 11. Inmediatamente, comenzó su rehabilitación en los media. Ahora pasaba a ser un lujo tener al mejor central del mundo en el banquillo. Poco antes del fin de la temporada, se las tuvo con Mou -por el asunto de la suplencia de Iker– que le contestó con dureza en RDP. Pepe pasó de héroe a villano en el mouriñismo y de villano a héroe entre los chicos de la prensa. Llega la final de copa y al verde sale Albiol. Falcao se zafa de él una sola vez y deja solo a Costa con Diego López. Gol, prórroga y el Madrid a la lona. La prensa madridista más sinvergüenza y atlética convino en que si el divino Pepe hubiera jugado en vez del torpísimo Albiol, el Madrid hubiera ganado sin muchos problemas. Prefieren los atléticos atacar al Madrid, que degustar su victoria. Prefieren atacar a un jugador de la selección al que muchas veces defendieron atolondradamente, sólo para atacar a Mou. Les da igual quedar en evidencia. El instinto del periodista antimadridista es siempre el ataque bajo y falaz al Real Madrid utilizando cualquier medio a su antojo, sabiendo que el ambiente suele estar de su parte y que el madridismo más pasivo le reirá las gracias sin poner ninguna objeción. De ahí su cara de susto cuando alguien les señala con el dedo, cuando se les hace ver la zafiedad de su conducta y cuando el madridista no les ríe las gracias.

Otros trucos del periodista antimadridista es caérsele de la boca el señorío a grandes voces, la mitología del Madrid que impide prácticamente cualquier cosa y la contraria, y la exigencia desmedida de juego exquisito y trato de favor al contrincante, imposible de saciar.

El periodista antimadridista tiene una especialidad: la defensa del jugador del Madrid, español, de la selección y con grandes amigos en la prensa contra los propios intereses del club. Defensa vehemente, sacando a los santos sacramentos madridistas, y expresada con tendencia melodramática, para asustar al que ose ponerse enfrente sólo con las armas de la razón. Esa defensa sólo será (y esto es importante) contra el Madrid. A Iker se le puso en duda con la selección por la pujanza de Valdés y a Del Bosque se le criticó duramente en el Mundial. Cuando Vicentón se alineó sibilinamente contra Mou y su Madrid, su figura matriarcal pasó a ser intocable. Con la sentada de Iker llegó el apocalipsis, y no era raro ver en los bares a los antimadridistas crispando al madridismo con gritos de “qué vergüenza, qué vergüenza con lo que fue el Madrid”. Gritos copiados sin más del escarnio público al que fue sometido el club y el mismo Mou por tener la indecencia de hacer las alineaciones sin injerencias externas. Aquí está uno de los meollos del asunto, y es la mafia periodística que se forma alrededor de los jugadores españoles que actúa en dos direcciones: Si el jugador se apresta a filtrar de vez en cuando y entra en los juegos de la prensa, se le defenderá como si fuera uno de los nuestros, incluyendo aumentos de sueldo, renovaciones de por vida y tapando cualquier bajada de rendimiento con profusión de portadas, datos absurdos u omisiones oceánicas. Si no se apresta al juego, está expuesto a la crítica, al escarnio, e incluso a la objetividad. Y se le tratará como a un extranjero más (la prensa española es profundamente xenófoba) que se fajara en turbias labores defensivas.

 

El caso Arbeloa.

Arbeloa, jugador de la selección, español y canterano, debería ser la aristocracia de los niños de la prensa. Es justo lo contrario. No se le perdona un fallo, y se le achacan los de los demás. Invisible cuando sostiene la defensa, se escrutan sus pérdidas en ataque minuciosamente. En la selección se ha convertido en el anatema de una generación de periodistas. Es casi un icono para ellos. El único al que se pone a parir abiertamente. Incluso nos preguntan cándidos a los madridistas del por qué lo siguen poniendo los entrenadores como lateral derecho. Dicen que es torpe, necio, violento con sordina, desprecia la mano tendida de Xavi y se le insulta sin tapujos en tuiter. Ningún jugador ni español ni extranjero tiene ese trato de la prensa. ¿Por qué?

Porque habla claro y tiene un discurso que no es el del marca y el as. El del periodista deportivo cuya máxima afición es poner la palabra en la boca del futbolista. Hablar a través de él. Porque defendió a su entrenador. Porque aireó en público (y las cosas deben hablarse en privado para que así las cuenten los chicos de la prensa) sus desavenencias con Casillas. Porque defiende al Madrid contra sus enemigos. Y estos son la prensa deportiva y el fcbarcelona. Sólo por eso, lo matan a cada paso.

No hay que olvidar, que estos periódicos que se dedican a vender por fascículos las tripas del Real, son comprados por muchos antimadridistas profesionales. Gente oscura, que huérfana de otras utopías, tiene al Madrid como la forma de estar a la contra sin perder nada a cambio. Y no hay periódicos que los amparen. Por tanto, compran el as y el marca, y estos les dan a cambio surtida munición.

Y al final de todo, está el poder. Las ganas de manipular la cosa más grande del reino. Esa mirada vidriosa que se le pone al periodista deportivo cuando puede influir en el gobierno de la entidad. La inercia de demasiados años controlando el relato del Real. La mafia que envuelve a ciertos futbolistas a los que el mito les ha bañado en oro y ya no obedecen a ninguna razón. La vanidad de periodistas que lidian con el mito y quieren a la vez formar parte de él y destruirlo. El rencor que provoca estar siempre a la sombra. La obsesión inquisitorial por una verdad única y moral. El antimadridismo como forma de vida. Los patucos del Madrid. La mesa-camilla del Madrid. La vajilla con el escudo del Real. La cubertería de las 9 Champions. El tazón de cereales con el careto de Cristiano. La bomba de relojería de la séptima. Las braguitas con las iniciales de Iker bordadas. El pintalabios de Kaká. La colonia de Valdebebas. El chándal de la décima.

El merchandasing con los más pintorescos motivos madridistas que esta prensa pone a la venta con cada ejemplar no parece tener límites. Ridiculizan al club, se aprovechan de él (del Madrid se aprovecha todo), y dan lecciones de madridismo en la misma tajada. Intentan manipular al club y velan a la vez por su salud deportiva. A eso se niega Primavera Blanca. A la utilización de nuestra mitología para echárnosla sobre la cara, para hacer negocio banalizándola. A pesar de lo que insinúe alguno, en los estatutos del Madrid no hay ninguna referencia a la figura del cornuto contento. No hay razón para ser condescendiente con quien cada día te apuñala por la espalda. Queremos un Madrid libre de la pútrida moralina de los periodistas. Con una frontera trazada entre el club y la prensa deportiva. La prensa es libre, dicen. Y el club también. Y el viento que corra entre ambos.

El País y Carlos Boyero condenados por vulnerar el honor de Mourinho

Por muy agresivo, por muy duro, por muy pasional que sea este deporte, y su ambiente, no podemos amparar opiniones atentatorias al honor de una persona, aún siendo una persona pública muy controvertida y cuestionada (reitero, a favor y en contra). Permitir al demandado, como madridista, que en una entrevista digital en directo y a tiempo real exprese su opinión imputando el término nazi al actor supondría permitir que la libertad de expresión amparara cualquier imputación, vejación o injuria que cualquiera pudiera verter de otra persona de ahí la procedencia de estimar la demanda porque desde luego ha quedado acreditado que la opinión expresada por el codemandado en su entrevista no tiene un interés público ni una relevancia informativa que pueda servir para limitar el derecho al honor.

No lo decimos nosotros. Es la Jueza de Primera Instancia de Madrid, Dª. María Isabel Ochoa Vidaur, en los Fundamentos Jurídicos de la Sentencia que condena a EL PAIS a eliminar de su página web las expresiones vulneradoras del derecho al honor de José Mourinho, y a Carlos Boyero a publicar a su costa, durante tanto tiempo como haya estado permitido el acceso a la ofensa, el fallo de la Sentencia bajo la cabecera de la sección de entrevistas digitales o de la sección de deportes, y a indemnizar en 6.000 euros a nuestro entrenador.

Agradecemos a nuestro socio Iván Matamoros, abogado director de la demanda de Mourinho contra Boyero y EL PAIS, la Sentencia -que describe a Mou como una persona “sin pelos en la lengua”-, y la transcripción del informe de la defensa de Mourinho durante el Juicio, para que podáis leerlos en la página de Primavera Blanca. Enhorabuena y gracias, Iván.

Click para leer Informe
Click para leer Sentencia

Tardofranquistas

Alfredo Relaño, queremos suponer que estando sobrio, aunque a su columna de opinión no podamos hacerle soplar en el alcoholímetro, ha calificado a esa mayoría de madridistas que apoyamos a nuestro entrenador como ultras e “inteligentsia” tardofranquista.

Relaño dirige uno de los medios ruinosos del técnicamente cuasi-quebrado Grupo PRISA, que detenta el monopolio de la expedición de patentes de demócrata. Sin el nihil obstat de PRISA, nadie es demócrata en España.

Una vez más, Relaño no consigue sorprendernos. Se ha limitado a aplicar el Manual de Marginación Social del Disidente, por la vía de la degradación política, que tanta utilidad ha reportado, a lo largo de sus treinta y siete años de existencia, al mega lobby fundado por Don Jesús “del Gran Poder”.

En el caso de José Mourinho, la aplicación del manual comenzó por la utilización de su colaborador Carlos Boyero para denominar a nuestro entrenador “el nazi portugués”, y termina, de momento, con esta descalificación global de los madridistas que continúan fieles a Mourinho, en paralelo a la beatificación del ex-asesino Pepe.

A continuación reproducimos tres documentos que revelan qué estaban haciendo en pleno tardofranquismo (1974):

–  el jefe de Relaño, Juan Luis Cebrián, Presidente ejecutivo de PRISA, Click para ver

–  el propio Alfredo Relaño, Click para ver

el vocal primero de Primavera Blanca, Manuel Matamoros, un socio representante del Real Madrid significado en la defensa de nuestro entrenador. Click para ver.

De postre, por coincidencia con las fechas del último documento, no podemos dejar pasar la ocasión de reflejar gráficamente las actividades que esos mismos días ocupaban al Presidente de la Sucursal para expedición de patentes de demócrata del Noreste de España, más conocida como Fútbol Club Barcelona. El ejército desarmado simbólico de Catalunya ocupando El Pardo.

Ya sabemos: En caso de duda, periodismo.

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UN DÍA CUALQUIERA EN PRISA

Abrir un periódico o hacer click en internet es un gesto fácil. No hace falta gran fuerza de voluntad, ni que sea un día especial. Es una costumbre, una rutina, y pocas veces el pensamiento se activa en modo de alerta. Lo que normalmente busca el lector es que le den la razón, o que le cuenten los hechos de forma que no se le atragante el café, ni se le corte la digestión. Quiere un relato conocido, con un mal, con un bien, con unos porqués bien delimitados y unas razones que pongan orden en el caos general de las cosas. Esta sensación se acrecienta en el fútbol, cosa grande y sagrada, y a la vez melodrama tremendista que se enrosca entre la exageración y el esperpento. Una religión en las páginas de variedades.

Los periodistas conocen —o intuyen— las bajas defensas con que el aficionado llega a las páginas de deportes. Ya cansados de la realidad, llega el cliente a la sección futbolera, más allá de las cuitas políticas, de la crisis, de la horrible economía y de la retahíla de los difuntos. Cruza el autodefinido y llega a la pelota. Nadie busca ahí la gelidez de la razón. En todo caso, y en un periódico como El País, el cliente quiere la presunción de estar del lado de los buenos. Quiere que se delimite el cuadrángulo de juego entre vectores morales de estirpe ideológica. Busca el demonio para echarle la culpa —porque siempre va todo a peor, y eso es inevitable— y busca un ejército de ángeles que aun así nos salvará. Un ejército de ángeles que sean como tú y como yo, gente normal, de la calle, del barrio, de Santa Coloma de Gramanet o donde diantres crezca la normalidad. Eso es jugar con las cartas marcadas, pero el cliente quiere que los dados caigan de su lado. Es entendible: al fin y al cabo, es el que paga.

jugadores fcb rodean arbitro

En algunos momentos de la historia reciente, esta formulación del fútbol en dicotomías ideológicas se ha hecho en El País de una forma grosera, explícita y hasta chabacana. Había editoriales en contra del supuesto equipo del gobierno, ridiculizando cualquier movimiento de su entrenador o su presidente que no contara con el plácet de la prensa. Había un columnista (Martín Girard) cuya única función era el agravio constante al famoso entrenador que vino a España para conculcar la belleza y la sabiduría del toque. Había escritores apostados en cualquier esquina disparando con munición caducada (y sin embargo efectiva, que a la columna va uno a rezar con su confesor habitual) contra el club de la meseta central y su cohorte de aristócratas predemocráticos. Y estaba el otro lado, el oasis catalán, con más valores de los que un hombre puede soportar sin echarse a llorar, y concentrado de las esencias de la otra España. La que nunca hemos acabado de conocer: plural, tolerante, llena de arte —pero no presuntuosa—, ganadora sin quererlo y arreglá pero informal. Era la resaca del Mundial, y el Barça-Selecció se convirtió en la única línea editorial posible contra la crisis. Mou era el pistolero que venía a acabar con todo lo santo. Tenía la apostura del malvado y trabajaba en las oficinas del último edificio del Antiguo Régimen. El Real Madrid. ¡Bang!

Andando el tiempo, Mou superó a Pep, el Real conquistó una Liga maravillosa y la línea editorial antimadridista se volvió más sutil. Un poco lo de toda la vida. Una inercia. La melodía antimadridista silbada por los chicos de la prensa y que tan fácil se contagia al aficionado incauto. Las bajas defensas al entrar en las páginas de deportes. La asimilación, por buena parte del madridismo, del relato culé/España plural como el único permitido si quieres ser parte de la manada. Y en España nadie quiere estar fuera.

El Madrid parece ser lo público, y todo el mundo está extrañamente de acuerdo en eso. Para las masas, es Estado, funcionariado incompetente, Guardia Civil y gabinete de crisis todo en uno. Con un poder que va más allá de los bancos y la Casa Real, el ciudadano le pide explicaciones. Quiere saberlo todo, quiere que demuestre su pureza, y quiere su autodestrucción, aunque se conforma con la humillación de cada día. En el bar, en la oficina, el Madrí le sirve al español para cumplir con el teatrillo de la sorna que lo libera de su maldición interior. Esta reverberación le llega al periodista (o quizás fue él quien la echó a andar), y el plumilla le da la forma adecuada: la exigencia constante. Exigencia de exquisito juego de posesión, de mediaspuntas allá donde crecieran, de fútbol de toque, de pureza en los fines y en los medios, de extremos como Dios manda, de entrenadores callados y respetuosos, de jugadores amaestrados, de contabilidad impecable, de fichajes ilusionantes, de austeridad galopante, de españolidad, de juventud, de experiencia, de hombres de club, de buenos chicos ejemplares, de chavales de la cantera y, en general, de una predisposición estupenda a poner la otra mejilla; ya que se considera que el único equipo Real tiene orígenes dudosos y una clara conciencia de culpa.

¿Cómo, si no, se puede ser tan poderoso?

Sirva de ejemplo la crónica de José Sámano del Real Madrid-Mallorca (5-2), que cumpe dulcemente con las especificaciones arriba expuestas. Es una victoria fácil del Madrid, así que no habrá ajustes de cuentas ni se rasgarán los velos del templo. Hay una manipulación suave. Quizás él ni se dé cuenta. Quizás sea sólo una inercia.

Así empieza:

“Se corrigió a tiempo el Madrid, que no tuvo chicha ni fútbol con la alineación experimental de José Mourinho y solo ganó juego y voltaje cuando el técnico rectificó al descanso. La diferencia entre el tránsito de Pepe como ancla en el medio campo y su regreso a la zaga en favor del triángulo Özil-Modric-Kaká, sin otro dique. Toda una portada en el Madrid, habitualmente proclive al músculo en esas zonas tan sensibles”.

Efectivamente. el Madrid se corrigió, aunque quizás lo hiciera el propio Mourinho —que, ¡oh cielos!, está detrás del Madrid no sólo en lo malo, sino también en lo bueno. Hace nada, contra el Barça en el Bernabéu, Pepe completó un encuentro espléndido en la media, pero se ve que Sámano ya tiene un primer vector que añadir a su cuenta de resultados. Pepe es malo en la media (y en general en cualquier sitio conocido) porque tiene músculo (a pesar de dar el pase de gol) y quién sabe qué cosas más. No hay análisis táctico que valga. Es así, y el Madrid tiene la exigencia de jugar con Özil-Modric-Kaká, y si pudierámos traer a Guti y a algún pintor renancentista de tendencias homosexuales, pues mejor que mejor. La media del Madrid ha sido durante años Xabi-Khedira, pero para Sámano somos proclives al músculo (como antítesis del amor, se figura uno) en zonas tan sensibles, tan clitoridianas como el centro del campo, donde se ha de acariciar el balón o se es un maltratador sin remedio.

“A ello contribuyó Mourinho, que alteró el guion titular con dos jugadores en posiciones postizas: Pepe no es el vicario de Xabi Alonso, y Morata, un ariete, solo puede ser un extremo casual”.

Recordemos que estos dos jugadores en exacta posición completaron contra el Barça un fenomenal partido. Y también, cómo se aplaude el que algunos equipos jueguen con piezas movibles por todo el frente del ataque. Y el tono, el tonillo autoritario y perentorio del crítico ante los pequeños desmanes del entrenador del Madrid. ¡Qué sabrá el tal Mou!

“Sin Khedira, Essien o pepes el equipo vio la luz. Curioso, con menos acero ganó en intensidad, primó el fútbol y el equipo se enhebró de maravilla en torno a Modric, único mediocentro, Kaká y Özil. Un Madrid con menos coraza que nunca”.

“El equipo vio la luz. Primó el fútbol. Con menos coraza nunca”. Qué lata con los entrenadores del Madrid, siempre a la defensiva. Esas alineaciones de la prensa deportiva como las que hacíamos de niño, con 150 delanteros y el buitre como mediocentro defensivo. Qué lata. Pero sólo con el Madrid; los demás sí que necesitan equilibrio, gente sufriente y táctica en dosis masivas. Primó el fútbol, como ganó el amor. La telenovela romántica del Madrid del mediodía de la prensa. Lo otro no es fútbol. Quizás sea lo nuestro.

“Y Pepe, un gran central, fue su metáfora”.

No hay más que hablar. El fútbol y sus metáforas que trascienden (como toda metáfora) de lo que se habla. Pepe, el ancla del neoliberal. Una moral que nunca se acaba de explicar. Pero queda en el aire. Como queda en el aire de quién es la culpa del Madrid, y cuál es la forma de llegar al Nirvana.

pepe higuain

En el cerebro semidormido del cliente, lo que queda al leer esta crónica rosa es una amalgama de ideas espumosas con un par de cosas muy claras: 1- Mourinho no le saca partido a una plantilla fenomenal debido a su carácter defensivo (malvado); 2- El Madrid siempre hace algo mal, siempre comete errores —no por ignorancia, sino por mezquindad—, hay una culpa detrás de todo y a su lado, una exigencia de virtud nunca saciada. Y hablamos de una cosa suave, aparentemente inocua, un día cualquiera con el diario El País bajo el brazo. Lo normal.

Ahora le vamos a echar un vistazo al artículo que escribió sobre el mismo partido el amigo Diego Torres: “Ráfaga demoledora“, se titula (DRAE: “demoler (tr.) Destruir, derribar algo material o inmaterial“; siempre los adjetivos, que nunca son inocentes).

“A diferencia de la plantilla del Barça, corta arriba y atrás, la del Madrid ofrece recursos más variados que no han sido explotados a fondo. El sábado, contra el Mallorca, el mánager José Mourinho desarrolló un experimento pionero. Apurado por la necesidad de remontar el 1-2, por primera vez en siete meses de competición alineó juntos a Modric, Özil, Kaká, Benzema, Higuaín y Cristiano”

Más de lo mismo dicho de forma explícita: “no han sido explotados a fondo”. Por supuesto —aunque aquí no se hable de ello—, el hecho de tener una plantilla magnífica y compensada, no tiene nada que ver con la buena dirección deportiva de Mourinho y José Ángel Sánchez. Es cosa de meigas y del cheque en blanco que el monarca nos firma todos los años. Lo bueno en el Madrid es azar, dinero, poder o política. Lo malo es consecuencia directa de la ineptitud de los dirigentes y entrenadores, y de un sustrato nefando en el Bernabéu. El poltergeist continuo que es nuestra historia. Y ahora además, con experimentos pioneros; aunque se recuerda todavía el último experimento de esta guisa en el Real Madrid 2004, que decidió jugar sin red de seguridad y tardó años en reponerse del susto. Pero un atlético como Diego Torres sabe bien dónde debe apretar para hacer que aparezca un dolor antiguo del madridismo. Ganas de hacer daño camufladas de preocupación por la pureza del fútbol y la historia del Madrid. Un frío conocido.

“Mourinho probó a Modric en el medio centro contra el Espanyol, el Celta y el Betis en la primera vuelta del campeonato, pero siempre le acompañó de un volante de brega: Khedira, Essien o Alonso”

Alonso, convertido en volante de brega desde que defiende a Mourinho. Antes, era un mediocentro total de la escuela donostiarra. Primero perdió la pluralidad al venir al Madrid, ahora ha perdido su condición de centrocampista y se ha convertido en un especialista defensivo. Si sigue más tiempo en Chamartín, acabará siendo un leñero de toda la vida que se dedica a estorbar a los rivales.

“Özil por sí solo es la bomba. Asociado a Kaká y a Modric se inicia una reacción en cadena de potencial apenas explorado”

Y éste es el final, un último consejo al mezquino madridismo: “jueguen con los que nosotros decimos que son buenos; encajen muchos goles; pierdan; y seremos todos felices”.

Alfredo Relaño

Alfredo Relaño es el actual director del diario AS. Gracias a él tenemos el nombre para esta sección.

 “En caso de duda, periodismo, dice un adagio de esta profesión”,

dejó escrito de forma grandilocuente un buen día al final de un artículo y sin venir a cuento, así a lo Panenka, hablando de la Selección Nacional antes de que fuera bautizada como ‘la roja’, que, parafraseando a Vázquez Montalbán, se ha convertido en el ejército desarmado de la clase media española.

Lo paradójico de esta sentencia es que se ha vuelto contra el periodismo (deportivo). Los periodistas han traspasado la línea de sus competencias profesionales y el periodismo ha dejado de ser el fin último para convertirse en un pretexto. Una cosa es informar de forma veraz, objetiva y rigurosa, y otra tratar de influenciar en decisiones profesionales que sólo conciernen a los clubes, buscando hacer valer dentro de las masas sociales castas meritocráticas basadas en los favores de futbolistas y sus correspondientes contraprestaciones. En el Real Madrid esta situación ha alcanzado sus máximas cotas.

La llegada de José Mourinho al club supuso un cortocircuito en estas conexiones en las que se mezclaban intereses periodísticos, amistades pagadas, jugadores, socios capitalistas y representantes. La reacción de la prensa, que veía cercenado su derecho de pernada, no se hizo esperar.

Tan larga es la lista de insultos y menosprecios a la figura de José Mourinho y a su equipo y, por ende, al Real Madrid, que se convierte en tarea imposible recopilar todo en una lista. De Mourinho se ha dicho: “nazi portugués”, “el típico personaje que se daría a la fuga tras causar un atropello”, “tipo despreciable que corrompe todo lo que toca”, “jerarca de vocación absolutista”, “Lucifer”, “arrogante mercenario”, “deficiente mental”, “su estrategia de tipo autoritario para alcanzar el poder ha sido observada en  comunidades de chimpancés”, etc.

 “En caso de duda, vendetta”.

El último caso en el que ante la duda “se eligió periodismo” lo protagoniza el propio director del diario As. Fue el 8 de enero de 2013, un día después de la gala del Balón de Oro donde la cabecera de PRISA centró la noticia en la ausencia de José Mourinho en Zúrich, algo que molestó sobremanera al estamento periodístico español.

Los periodistas de As siguieron (o persiguieron) a José Mourinho hasta el entrenamiento de su hijo en el Club Deportivo Canillas para demostrar (esa era su intención) que el entrenador del Real Madrid no quiso ir a la gala de Zurich y que en lugar de estar trabajando en Valdebebas, como aseguró, acudió a ver el entrenamiento de su hijo. “Mourinho mintió” titulaba As.com el día siguiente.

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La portada, sin embargo, no iba a tener el impacto esperado e indignó a mucha gente, que consideró que el seguimiento al portugués había traspasado la línea de la decencia para entrar de lleno en el periodismo rosa y expresó su malestar en las redes sociales, ese gran desconocido de los mass media.

La verdadera historia deja en muy mal lugar al tan cacareado periodismo del adagio.

Mourinho estuvo en Valdebebas trabajando todo el día y acudió al entrenamiento de su hijo como hace tres veces por semana. Suponemos que después acudió a su casa, cenó y durmió. Sus acompañantes no son guadaespaldas, sino su secretario personal y un padre del equipo de su hijo.

Descubiertos por el presidente del C.D. Canillas, los periodistas aseguraron que no publicarían las imágenes. Al día siguiente aparecieron las fotografías y un vídeo del entrenamiento de niños de 12 años sin la autorización del club, tenedor de los derechos de imagen. Periodismo.

Uno de los padres de Canillas es casualmente Tomás Roncero, Redactor Jefe de As, que se convierte en blanco de las críticas de algunos padres. Ven en esa portada un acto de deslealtad por su parte hacia el club y los niños. Él se desmarca de la información afirmando que fue puenteado por el Alfredo Relaño y no tuvo noticia de esa portada hasta su publicación.

Roncero llega a afirmar: “El error de Mourinho fue no convocar a principio de temporada a todos los directores de medios deportivos para explicarles sus planes”.

Ahí lo tenemos: “en caso de duda, vendetta”.

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 “En caso de duda, contracorriente”. Relaño y las redes sociales.

Alfredo Relaño ha demostrado sobradamente su desprecio por las redes sociales. No las entiende. No cree en ellas.

Relaño, que casualmente llevaba casi dos meses sin utilizar su perfil en Twitter, apareció en la red el día de la portada de Mourinho en Canillas con un aire chulesco y provocador. La maniobra es la siguiente: aparezco, me insultan, me lleno de razón, y tengo una coartada para mi portada, los madridistas que apoyan a José Mourinho etc.

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Incluso lo disfraza de “demo” para un amigo: “así funciona esto”. Esta nueva faceta de “performer” de Relaño y su imagen arrabalera y pendenciera, chocan de lleno con los preceptos  de su adagio periodístico anteriormente señalado.

Alfredo Relaño:  “(A Mourinho) Le quedan los ‘ultras’ en el Bernabéu y en su ‘yihad’ tuitera, pero ha ido perdiendo apoyos a chorros. Lo de Casillas más lo de Zúrich han venido a volcar la situación. Ahora hay más gente que le pita. Le pitan a él, pitan a los ultras que le aclaman. Mourinho no ha hecho carne con el Bernabéu, sino con los ultras, que han decidido perdonarle todo con tal de no rectificar”.

 “En caso de duda, donde vaya el viento”.

Pero si por algo recordaremos a Relaño será por su capacidad de adaptación al medio. “En caso de duda, donde vaya el viento”, (cómo habría disfrutado este hombre en el Régimen de Vichy). No nos extrañe que en unos meses defienda Twitter como el gran arma de comunicación de este siglo.

Tras meses con editoriales y portadas en las que masacraba a Mourinho se descuelga con su ya célebre: “El viento vuelve a soplar a favor de Mourinho”, en el que señala a Casillas como el filtrador del vestuario y dice comprender el “castigo” de su entrenador.

Si no fuéramos tan conspiranoicos en este negociado no pensaríamos que se trata de un ataque de cuernos, harto de ver exclusivas en el diario rival y de hacer el pagafantas, y nos limitaríamos a pensar que el veletismo de Relaño es fruto de una ciclotimia patológica crónica.

Quizá mucho de lo que subyace tras la figura del director de As tenga que ver con la siguiente confesión.

Alfredo Relaño: “Tintín despertó mi interés por querer ser periodista”,

y la explicación a muchas de las incógnitas que nos plantea su continua deriva hayamos de buscarla en Tintín y Los pícaros o Stock de Coque.

Olé Tú.

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Actualización 1:

Probablemente sea la primera de infinitas actualizaciones. El personaje no se cansa de facilitarnos argumentos y material. Y en este negociado estamos muy abiertos a los aportes de nuestros clásicos

“En caso de duda, donde vaya el viento”. Y los relojes de cuco.

Yo digo: Blatter, la FIFA, la cueva de Alí Babá. 02/06/2011

http://opinion.as.com/opinion/2011/06/02/portada/1307040957_850215.html

Yo digo: Herr Joseph Blatter, el Papa del Fútbol. 19/03/2013

http://opinion.as.com/opinion/2013/03/19/portada/1363648602_316825.html

¿Hace falta decir más?

Gracias, Alfredo.